El pecado de la carne

  1. El pecado de la carne parece querer emular las perezas narrativas de una peli porno. Aunque se olvida, distraída acaso por el entusiasmo imitativo que la impulsa, de perseguir los claros beneficios de la pornografía. Es –ya sintetizamos– una porno sin pornografía.
  2. Es decir, avanza como si proponer una historia y crear personajes fueran tareas rutinarias que no le interesaran en absoluto, meros pretextos para llegar a otra cosa y para satisfacer otras necesidades.
  3. En las pornos –al menos en las que saben que lo son– esa “otra cosa” es la pornografía misma: imágenes y sonidos de variadas partes de unos cuerpos en contacto con variadas partes de otros. El pecado de la carne, en su confusión genérica, no ofrece ni siquiera esos respiros obscenos. Lo que queda es una narración torpe, generosa hasta la exuberancia en incoherencias, inverosimilitudes, discontinuidades y estereotipos.
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Criticos:

Mauricio Souza Crespo